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lunes, 20 de mayo de 2019

LA INMACULADA CONCEPCIÓN





La Inmaculada Concepción
La historia del hombre sobre la tierra es la historia de la misericordia de Dios. Desde la eternidad, antes de la creación del mundo, nos eligió para que fuéramos santos y sin mancha en su presencia, por el amor (Ef 1, 4).

Sin embargo, por instigación del demonio, Adán y Eva se rebelaron contra el plan divino: seréis como Dios, conocedores del bien y del mal (Gn 3, 5), les había susurrado el príncipe de la mentira. Y le escucharon. No quisieron deber nada al amor de Dios. Trataron de conseguir, por sus solas fuerzas, la felicidad a la que habían sido llamados.

Pero Dios no se echó atrás. Desde la eternidad, en su Sabiduría y en su Amor infinitos, previendo el mal uso de la libertad por parte de los hombres, había decidido hacerse uno de nosotros mediante la Encarnación del Verbo, segunda Persona de la Trinidad.

Por eso, dirigiéndose a Satanás, que bajo figura de serpiente había tentado a Adán y a Eva, le conminó: Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo (Gn 3, 15). Es el primer anuncio de la Redención, en el que se entrevé ya la figura de una Mujer, descendiente de Eva, que será la Madre del Redentor y, con Él y bajo Él, aplastará la cabeza de la infernal serpiente. Una luz de esperanza se enciende ante el género humano desde el instante mismo en que pecamos.

Comenzaban así a cumplirse las palabras inspiradas
—escritas muchos siglos antes de que la Virgen viniera al mundo— que la liturgia pone en labios de María de Nazaret.

El Señor me tuvo al principio de sus caminos, antes de que hiciera cosa alguna… Desde la eternidad fui formada, desde el comienzo, antes que la tierra. Cuando no existían los océanos fui dada a luz, cuando no había fuentes repletas de agua. Antes que se asentaran los montes, antes que las colinas fui dada a luz. Aún no había hecho la tierra ni los campos, ni el polvo primero del mundo (Prv 8, 22-26).

La Redención del mundo estaba en marcha ya desde el primer momento. Luego, poco a poco, inspirados por el Espíritu Santo, los profetas fueron desvelando los rasgos de esa hija de Adán a la que Dios —en previsión de los méritos de Cristo, Redentor universal del género humano— preservaría del pecado original y de todos los pecados personales, y llenaría de gracia, para hacer de Ella la digna Madre del Verbo encarnado.

Ella es la virgen que concebirá y dará a luz un Hijo, que se llamará Emmanuel (Is 7, 14); está significada en Judit, la heroína del pueblo hebreo que alcanzó victoria contra un enemigo imponente, hasta el punto de que a Ella, más que a nadie, se dirigen aquellas alabanzas: Tú eres la exaltación de Jerusalén, la gran gloria de Israel, el gran honor de nuestra gente… Bendita seas tú de parte del Señor todopoderoso por siempre jamás (Jdt 15, 9-10).

Extasiados ante la belleza de María, los cristianos le han dirigido siempre toda clase de alabanzas, que la Iglesia recoge en la liturgia: huerto cerrado, lirio entre espinas, fuente sellada, puerta del cielo, torre victoriosa contra el dragón infernal, paraíso de delicias plantado por Dios, estrella amiga de los náufragos, Madre purísima…


LA VIDA DE MARÍA DE NAZARET




Índice

La Inmaculada Concepción.
La Natividad de Nuestra Señora.
Presentación de la Virgen
Los desposorios con José.
La anunciación a Nuestra Señora.
La visitación a Santa Isabel.
El nacimiento de Jesús.
Presentación de Jesús en el Templo.
Adoración de los magos.
La huida a Egipto.
Regreso a Nazaret.
Jesús entre los doctores.
Los años de Nazaret.
Las bodas de Caná.
Junto a la Cruz de Jesús.
Sepultura de Cristo.
Resurrección y Ascensión del Señor.
La venida del Espíritu Santo.
Dormición y Asunción de la Virgen.
Reina y Señora del universo.

Presentación
 Escribir una vida de María no es fácil. En primer lugar, porque el Evangelio ofrece pocos datos sobre la Madre de Dios y Madre nuestra, aunque sean suficientes para maravillarse ante la santidad de la Virgen y alimentar una devoción filial hacia Ella.

Además, existen libros que, utilizando los recursos exegéticos, históricos y literarios disponibles en su época, se han ocupado de esta tarea. A partir del Concilio Vaticano II, los estudios bíblicos han enriquecido notablemente nuestro conocimiento de la Virgen de Nazaret, poniendo de relieve al mismo tiempo el especialísimo lugar que ocupa en la historia de la salvación.

 Estas páginas, pues, no tienen la pretensión de ser una narración histórica de la andadura terrena de la Madre de Jesús. Se trata más bien de una semblanza redactada con lenguaje accesible a todos, pero anclado en los logros de la mariología contemporánea. En tiempos anteriores al Concilio Vaticano II, la mariología (rama de la teología dogmática que estudia la figura y el papel de María en el plan divino de salvación) afrontaba la figura de la Virgen desde un punto de vista devocional. Al discurso le faltaba, sin embargo, apoyo en la Escritura y en la tradición patrística, y no era fácil integrar esa componente devocional tan arraigada en el pueblo cristiano.

El capítulo VIII de la constitución dogmática Lumen gentium —dedicado a la Santísima Virgen María, Madre de  Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia— fue consciente de estos problemas y trató de poner remedio. Anclando la mariología a sus fuentes primeras, y presentando a María en el contexto de la historia de la salvación y del misterio de la Iglesia, el Concilio consiguió una renovación de esta parte de la teología en continuidad con la gran tradición de la Iglesia.

Este documento magisterial tuvo la virtud de suscitar en numerosos teólogos el deseo de profundizar en los datos de la revelación (Escritura y Tradición) sobre la Santísima Virgen. Muchas de estas aportaciones han sido asumidas por el magisterio ordinario de la Iglesia: el beato Pablo VI, Benedicto XVI y especialmente san Juan Pablo II, que desarrolló durante varios años un ciclo de catequesis semanales sobre la Virgen. Con todos ellos hemos contraído los católicos una especial deuda de gratitud, pues han hecho posible que la figura de María reluzca con luz más intensa en el firmamento de la Iglesia, dando a la devoción mariana un sólido fundamento teológico.

 Sin embargo, con frecuencia, estas aportaciones no han llegado al gran público; han quedado confinadas en los tratados de mariología o en libros accesibles sólo a especialistas en la materia. Ésta es la razón que me movió a escribir los presentes episodios de la vida de María.

La primera edición vio la luz en el año 2011, en la página web del Opus Dei. Aquí se recogen, en forma de libro electrónico, los veinte capítulos que estructuran una semblanza completa de la Virgen María. Quien desee consultar los anexos a cada capítulo, puede recurrir al libro «La Virgen María. Magisterio, Santos, Poetas», publicado en el año 2012 por ediciones Palabra, de Madrid. Allí se incluyen textos del magisterio, de santos y de poetas, de diversas épocas, que enriquecen los temas tratados.

 Ojalá sirvan estas páginas para que el lector se maraville aún más de las riquezas sobrenaturales que la Trinidad ha derramado en la Virgen Santísima, y para que la devoción mariana, firmemente arraigada en la Escritura, en la Liturgia y en el Magisterio, cale más profundamente en su vida.
JOSÉ ANTONIO LOARTE Roma,
15 de agosto de 2015
Solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora


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